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Un argumento a favor de la Divina Providencia
balance arbuthnott

Un Argumento a Favor de la Divina Providencia

El primer uso de un razonamiento probabilístico, semejante al actual modelo de contraste de hipótesis nula, se atribuye a un estudio de 1710 publicado por John Arbuthnott, un médico escocés que intentó probar la existencia de Dios a través del estudio de nacimientos de hombres y mujeres de Londres.

Un Argumento a Favor de la Divina Providencia

El primer uso de un razonamiento probabilístico, semejante al actual modelo de contraste de hipótesis nula, se atribuye a un estudio de 1710 publicado por John Arbuthnott, un médico escocés.

Arbuthnott analizó los nacimientos de hombres y mujeres de Londres durante 82 años consecutivos, desde 1629 hasta 1710. Partió de la hipótesis de que la probabilidad de que nacieran hombres y mujeres era la misma (50%) y que en la naturaleza debía haber un equilibrio entre ambos, existiendo una mujer para cada hombre.

Observó que durante los 82 años consecutivos, nacieron más hombres que mujeres y calculó la probabilidad de este patrón, asumiendo que la probabilidad de que en un año nacieran más hombres que mujeres era del 50% y que había independencia entre los años, obteniendo un valor de 0.5082 = 2.07 x 10-27. Dado que era una probabilidad muy pequeña, rechazó su hipótesis nula de que este patrón pudiera ser explicado por el mero azar.

Arbuthnott concluyó que, dado que los hombres mueren más que las mujeres porque tienen que salir a buscar su comida poniéndose en peligro, el Creador hace que nazcan más hombres que mujeres, produciendo ese patrón de baja probabilidad por azar, para compensar dicha perdida y seguir manteniendo el equilibrio de una mujer para cada hombre.

A pesar de que el estudio de Arbuthnott no constituye una prueba a favor de la Divina Providencia como él pretendía, es curioso como el razonamiento probabilístico de contraste de hipótesis se viene utilizando desde hace varios siglos, a pesar de la creencia popular que atribuye su origen a Karl Pearson y Ronald A. Fisher a inicios del siglo XX. 

Referencia:

Arbuthnott J. An Argument for Divine Providence. Philosophical Transactions. 1710; 27: 186-190.

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