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Mitos sobre la disfunción temporomandibular.
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Mitos sobre la Disfunción Temporomandibular

Es habitual que muchos pacientes se dirijan a nosotros para consultar sus dudas acerca de su disfunción temporomandibular, y con frecuencia encontramos que muchas de estas cuestiones responden a falsos mitos inculcados, en ocasiones, por profesionales de la salud que no atienden a los datos e investigaciones más recientes (y no tan recientes).

Mitos sobre la Disfunción Temporomandibular

Es habitual que muchos pacientes se dirijan a nosotros para consultar sus dudas acerca de su disfunción temporomandibular, y con frecuencia encontramos que muchas de estas cuestiones responden a falsos mitos inculcados, en ocasiones, por profesionales de la salud que no atienden a los datos e investigaciones más recientes (y no tan recientes).

Uno de los mitos más frecuentes es la creencia de que los trastornos o disfunciones temporomandibulares (TMD) están relacionados o se ocasionan por la oclusión dental. Pues bien, ni la oclusión tiene asociación alguna en la gran mayoría de las ocasiones, ni las alteraciones de ésta influyen en el TMD, ya que es considerado hoy en día cómo una condición musculoesquelética de etiopatogenia multifactorial1,2, por lo que el comienzo de sus signos y síntomas raramente es atribuible a un único factor, como podría ser, por ejemplo, un traumatismo directo, lo cual es infrecuente en la mayoría de los pacientes que padecen TMD.

Otra de las cuestiones más habituales que presentan los pacientes aquejados de TMD es la creencia de que una prueba de imagen o alguna intervención exploratoria invasiva podrían encontrar la causa de su disfunción. Sin embargo, ninguno de los dispositivos «tecnológicos» disponibles (electromiografía, kinesiografía, plataformas posturales, condilografía, etc.) tiene valor diagnóstico, porque no se correlacionan con los síntomas. El diagnóstico del trastorno temporomandibular debe basarse en la evaluación clínica y la toma de antecedentes del paciente. Ninguna prueba adicional aportará nada más que información complementaria, pero no suple lo anterior 3-5. Hay que tener en cuenta por otra parte que, como en otras muchas condiciones que conllevan dolor persistente, sabemos que las personas aquejadas de TMD muestran elevados niveles de catastrofización, por lo que se ha de extremar el cuidado con las expectativas puestas tanto en la pruebas exploratorias cómo en las intervenciones que se realizan sobre ellos, para no crear dinámicas negativas que aumenten las creencias infundadas6.

Respecto al tratamiento, de la misma manera que mencionábamos al principio la etiología multifactorial del TMD, este, según la información de la que disponemos actualmente, rara vez se centra en una causa, por lo que debe ser también multimodal y persigue recuperar las funciones normales mediante la terapia conservadora en primer lugar (donde por cierto, la FISIOTERAPIA ocupa un lugar destacado)7. Generalmente, el abordaje conservador debe centrarse en el manejo de los síntomas, con especial énfasis en los correlatos psicosociales del dolor. Esta es la vía de actuación más actual y que mejores resultados ha mostrado en relación a los parámetros de mejora funcional y disminución del dolor 8. El manejo de los síntomas generalmente se puede lograr mediante enfoques conservadores y reversibles, como son el asesoramiento y educación al paciente, la fisioterapia, tratamientos cognitivo-conductuales, dispositivos orales (sin diseños oclusales predeterminados) en casos muy concretos, y la farmacoterapia para el control del dolor.

Las modificaciones oclusales (ortodoncia, prostodoncia, ajustes oclusales, dispositivos bucales para buscar una relación interarquical «ideal», así como las cirugías con plastias irreversibles, no han demostrado ser más eficaces que la combinación las intervenciones conservadoras, ni para el tratamiento ni para la prevención del TDM 9,10. En este sentido, un capítulo muy especial merecen los dispositivos oclusales conocidos como férulas de “descarga”, que no descargan nada, bueno si, en ocasiones el bolsillo del paciente cuando no están bien indicadas y confeccionadas. Estos dispositivos que habitualmente acompañan al paciente con cuadros de hiperactividad de la función elevadora de la mandíbula, sólo deberían emplearse en aquellos casos donde la hiperactividad ocasione atrición dental, y sólo como medio de contención para la protección del esmalte de las piezas dentales, esenciales para la función masticatoria. No se ha demostrado que contribuyan a eliminar y/o reducir la actividad en cierre mandibular ni su movimiento excéntrico, y deben ser siempre confeccionadas por el profesional adecuado, el odontólogo u odontoestomatólogo 11.

 

Sobre el autor...

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Tomás Pérez Fernández

Fisioterapeuta, PhD.
Licenciado en Humanidades. Profesor adjunto del Departamento de Fisioterapia de la USP-CEU. Autor del libro Fisioterapia en el Trastorno Mandibular.

REFERENCIAS:

  1. American Association for Dental Research. Política científica acerca del Trastorno Temporomandibular. Adoptada en 1996, revisada en 2010 y 2015. Disponible en: http://www.iadr.org/AADR/About-Us/Policy-Statements/Science-Policy/Temporomandibular-Disorders-TMD. Consultado el 28/05/2019.
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  1. Schiffman E, Ohrbach R, Truelove E, Look J, Anderson G, Goulet JP, List T, Svensson P, Gonzalez Y, Lobbezoo F, Michelotti A, Brooks SL, Ceusters W, Drangsholt M, Ettlin D, Gaul C, Goldberg LJ, Haythornthwaite JA, Hollender L, Jensen R, John MT, De Laat A, de Leeuw R, Maixner W, van der Meulen M, Murray GM, Nixdorf DR, Palla S, Petersson A, Pionchon P, Smith B, Visscher CM, Zakrzewska J, Dworkin SF; International RDC/TMD Consortium Network, International association for Dental Research; Orofacial Pain Special Interest Group, International Association for the Study of Pain. Diagnostic Criteria for Temporomandibular Disorders (DC/TMD) for Clinical and Research Applications: recommendations of the International RDC/TMD Consortium Network and Orofacial Pain Special Interest Group. J Oral Facial Pain Headache. 2014 Winter;28(1):6-27.
  1. Manfredini D, Cocilovo F, Favero L, Ferronato G, Tonello S, Guarda-Nardini L. Surface electromyography of jaw muscles and kinesiographic recordings: diagnostic accuracy for myofascial pain. J Oral Rehabil. 2011 Nov;38(11):791-9.
  1. Petersson A. What you can and cannot see in TMJ imaging–an overview related to the RDC/TMD diagnostic system. J Oral Rehabil. 2010 Oct;37(10):771-8.
  1. Reiter S, Eli I, Mahameed M, Emodi-Perlman A, Friedman-Rubin P, Reiter MA, Winocur E. Pain Catastrophizing and Pain Persistence in Temporomandibular Disorder Patients. J Oral Facial Pain Headache. Summer 2018;32(3):309–320.
  1. Greene CS. The etiology of temporomandibular disorders: implications for treatment. J Orofac Pain. 2001 Spring;15(2):93-105; discussion 106-16.
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  1. Manfredini D, Bucci MB, Montagna F, Guarda-Nardini L. Temporomandibular disorders assessment: medicolegal considerations in the evidence-based era. J Oral Rehabil. 2011 Feb;38(2):101-19.
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  2. Klasser GD, Greene CS. Oral appliances in the management of temporomandibular disorders. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol Endod. 2009 Feb;107(2):212-23.

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