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La Hidra de Lerna
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La Hidra de Lerna

El conjunto de rasgos o características que permiten distinguir a una profesión de otra suele estar delimitado por las competencias individuales de sus integrantes. El problema que acontece hoy en fisioterapia no afecta tanto a la profesión como a los pacientes. En ese caso, lo primordial no debería ser ponerse del lado de la fisioterapia sino al servicio de quienes la padecen. Para ello, la ciencia y la filosofía nos marcan el paso.

La Hidra de Lerna

Después de que en la mitología romana Hércules perdiera la cordura y fuese a buscar la redención con Euristeo, rey de Mecenas, el héroe fue sometido a cumplir con doce tareas, una de las cuales consistía en enfrentar y derrotar a la mítica Hidra de Lerna, teniendo que cortar “su cabeza inmortal” [1]. Cuenta el mito que de nada servía cortar o aplastar una de las cabezas, pues cuando se aplastaba o cortaba una, siempre surgían dos. Hércules tuvo que apoyarse de su sobrino Yolao, y por su parte, la Hidra fue auxiliada por un cangrejo (que actualmente forma la constelación de Cáncer). Lo didáctico de esta historia nos permite establecer dos postulados: el primero, es que para vencer definitivamente a la Hidra, se tuvo que cortar su cabeza central; el segundo, que para vencer, aun siendo heroicos y profesionales, no podemos hacerlo solos.

En un país donde desde hace décadas el sistema de salud se equipara con el tercer mundo y donde el sistema ha beneficiado sólo a unos pocos, tener trabajo se considera una bendición. Una lástima que una pandemia tuvo que presentarse para desnudar el velo transparente de la realidad: los herederos de la escuela hipocrática, somos privilegiados si contamos con los derechos laborales más básicos, ya ni digamos del reconocimiento social y profesional que nos prometen cuando entras a estudiar. Independientemente de todo esto, llega un punto en que todos, más que aliados, somos competidores, y por tanto, rivales potenciales.

Los que nos dedicamos a la fisioterapia vivimos muchos problemas en relación día a día, mismos que van desde consultas y trabajo mal pagado, hasta intrusismo y ninguneo médico, siendo esto último lo que parece más doler. Muchos colegas cuya rabia los rebasa, han decidido declararle la guerra a los médicos rehabilitadores, a los ortopedistas, o de plano a todo el gremio médico; algunos culpan al gobierno, y otros, lo más cortos de miras, se conforman con tachar de ignorantes a quienes nos ven como sólo masajistas. En mi opinión, el enemigo no es el vecino sino el inquilino. Es cierto que no tenemos las mejores condiciones y que no resulta fácil convivir con el otro -esto lo sabía bien Sartre[2], pero la verdad es que es más fácil que convivir con los semejantes.

En una ocasión, a propósito de esto, Umberto Eco tomó un taxi. Al enterarse el conductor de la nacionalidad de su pasajero, el hombre preguntó: “¿Quiénes son sus enemigos?”. Eco respondió que, desde hace décadas, su país no estaba en guerra con nadie. La respuesta pareció decepcionar al conductor. Minutos después y ya fuera del automóvil, Eco vivió l’esprit de l’escalier [3] y pensó que no era verdad que los italianos no tenían enemigos, sino que más bien no tenían enemigos externos e internamente no lograban ponerse de acuerdo porque están siempre en guerra entre ellos: Pisa contra Lucca, güelfos contra gibelinos, nordistas contra sudistas, fascistas contra partisanos, mafia contra Estado, gobierno contra magistratura… Explica Villoro que la inquietud del taxista era más profunda de lo que parecía: el otro puede servir para canalizar el odio y la desconfianza, pero también para saber, por riguroso contraste, quiénes somos. Un país sin adversarios es un país sin identidad; una profesión sin identidad es un grupo de gente con nada más y nada menos que estudios en común.

En su fabuloso ensayo Construir al enemigo, Eco asevera que “si no existe un enemigo, habría que inventarlo, pues un antagonista nos permite definir nuestra identidad y medir nuestro sistema de valores”. Los fisioterapeutas hemos perdido nuestra identidad, si es que alguna vez la tuvimos, y con ella se refleja nuestra profunda carencia de valores. El sistema nos impide identificarnos, y por tanto, impide centrar nuestros esfuerzos en los mismos objetivos. El intrusismo en la práctica y en nuestra formación así como el valor que nos da el mercado es sólo consecuencia de lo mismo; el fisioterapeuta avanzado, el osteópata, el gurú y análogos no son ciertamente las victimas, aunque tampoco podrían considerarse los victimarios. Al final, quien pierde, es el paciente, y con él perdemos todos nosotros. No digo que algunos tengamos la verdadera identidad y poseamos las soluciones, pues no son términos aplicables a la individualidad, simplemente pienso que a la luz del método científico y la práctica clínica podríamos ayudar en la medida de lo posible a que algunas cosas concretas cambien, y creo que empezar por el usuario a quien le brindamos la atención, y que más lo necesita, es una buena línea de meta; porque si seguimos cortando cabezas que sólo multiplican y fortalecen el problema jamás enterraremos lo que realmente nos divide y que hasta hoy desconocemos. Hace mucho que la Hidra de Lerna dejó de ser un mito, ahora es fisioterapeuta, y a día de hoy ya son muchas sus cabezas.

[1] La Hidra tenía un cuerpo enorme y nueve cabezas: ocho mortales más una ubicada al centro que se describe inmortal. De acuerdo a Ovidio, la Hidra poseía cien cabezas. (Met. IX, 71)

[2] “Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído… […] el azufre, la hoguera, la parrilla… ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los otros” -Jean Paul Sartre, A puertas cerradas (1944)

[3] El espíritu de la escalera es un término francés, atribuido a Rosseau, que se utiliza de modo habitual para describir el fenómeno de cuando en una situación se piensa en una respuesta ingeniosa cuando ya es demasiado tarde para decirla.

Sobre el autor...

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Rafael Escamilla Ugarte

Fisioterapeuta
Especialista en gestión y dirección de instituciones de salud. Maestrante en Educación y autor de un libro de poesía.

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