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El paradigma evolutivo
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El paradigma evolutivo

Nada en la biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución, escribió Dobzhansky. Como profesionales de la salud no podemos ignorar las variables evolutivas de nuestro desarrollo, y específicamente, como profesionales del movimiento, tampoco las condiciones evolutivas de nuestra biomecánica. Y sin embargo, lo hacemos.

El paradigma evolutivo

“Siento en verdad que la conclusión fundamental a la que he llegado resulte a muchos altamente desagradable”.
-Charles Darwin, El origen del hombre

Las especies, lo describió Darwin en 1859, evolucionan. Evolucionar, al contrario de lo que creía Lamarck, no implica mejorar; un buen ejemplo serían los dinosaurios que sobrevivieron hasta nuestros días: las gallinas. Las profesiones, al igual que las especies, evolucionan. Y de igual forma, en su evolución, no viene implícito el desarrollo progresivo.

La iconografía de la marcha del progreso es, en parte, culpable del halo apócrifo de progresión. La progresión como fenómeno evolutivo no es dependiente del tiempo sino de variaciones favorables que surgen azarosamente. En ocasiones, estas variaciones favorables pueden tardar cientos, miles, o millones de años en llegar. Las variaciones dentro de una profesión, si bien no a esa escala, pudieran acaso tardar también bastante.

La progresión de un gremio, cual iconograma, implica una evolución ideológica positiva, la cual, a diferencia de la biológica, no exige adaptabilidad sino un ejercicio de penitencia: dificultad representada por la introspección, el autocuestionamiento, el conflicto interno, y el durísimo desapego. El cambio radical no es un acto evolutivo sino adoctrinante. A día de hoy, por desgracia, la fisioterapia es radical.

Hoy, comocada cierto tiempo, un nuevo paradigma asalta a la profesión, y los profesionistas tienden a radicalizarla.Y cuando algo se radicaliza se deja de cuestionar y empieza a generar mantras y modelos basados en la intransigencia. Elmantra de que a la espalda le gusta moverse me parece un buen ejemplo.

Este pensamiento que se ha vuelto frecuente en esferas clínicas, publicitarias y científicas, que ha sido consigna de muchos profesionistas como estandarte, de muchos militantes como lema, y de varios vividores como eslogan, goza de una popularidad, a pesar de necesaria, injusta. Y digo necesaria porque el ejercicio terapéutico está siendo nuestra más eficaz herramienta para enviar un mensaje vital y preventivo a la población en contra del sedentarismo. Pero digo injusto, porque en la realidad, no parece que a la columna le guste especialmente moverse. Quiere estar quieta, o por lo menos, indiferente. Quizás, y si no lo has resuelto antes, porque nuestra columna no está hecha para moverse.

Para desarrollarlo tendremos que familiarizarnos con tres hechos evolutivos indudables y fuertemente evidenciados:

1) Nuestra columna, morfológicamente hablando, no ha tenido cambios evolutivos significativos desde los amniotas, es decir, ese híbrido entre reptil y mamífero que data del final de paleozoico y el principio del triásico. Hablamos de cerca de 300 millones de años.

2) A pesar de que los mamíferos son el grupo taxonómico más variable, la columna es excepción. Si bien existe la regionalización morfológica, el número de vertebras está increíblemente conservado. La evolución sacrificó la numeralidad por la modularidad y la integración.

3) En este sentido tenemos que el primer módulo en evolucionar apunta al módulo torácico, mientras que el último, al módulo lumbar (hace unos 120 millones de años). Lasvértebras posteriores (T10–S1) muestran las mayores magnitudes de integración general, variación y correlación con actividades funcionales, como es la marcha. Entonces desde el mamífero terio hasta el homo sapiens se han visto cambios muy firmes en integración, variación y correlación… basta con ver la lordosis lumbar y compararla con cualquier otro mamífero actual o primitivo, cercano o distante.

El dolor lumbar es consecuencia de nuestra locomoción, la cual fue determinada por nuestro movimiento y es condicionado por múltiples variables. Pagamos con dolor nuestra capacidad de movernos como nos movemos… ¿y cómo queremos solucionarlo según el actual paradigma? Moviéndonos. Hay ahí por lo menos un problema. Con esto no quiero pecar de dicotómico y decir que la inmovilidad es la solución, porque hay factores biológicos y psicosociales que van a condicionar la nocicepción y lo que le viene. Digo que aislar a la columna como estructura morfológica de un plano funcional es un error, pues al final del día no se trata de si me debo mover o no, sino de, en caso de moverme, tengo la capacidad de tolerar las cargas o si no las tengo. Llegando a este punto debo de ser claro en señalar que estoy hablando de sólo unas cuantas variables sin anular o ignorar el resto, jerarquizando un modelo biológico que no prioriza estructura sobre función, ni nature contra nurture, y que me he apoyado en la falacia mereológica como recurso didáctico en un intento de integrar la variable evolutiva dentro del modelo biopsicosocial ya establecido y aparentemente irrefutable.

El estudio más representativo acaso, está a cargo de Plomp et al (2015) [1], quien analizó cerca de 300 vértebras de humano, chimpancé y orangután (descendiente de ancestros en común) y descubrió que el dolor lumbar asociado a datos clínicos y de imagen, como hernia discal, se presentaba preferentemente en individuos con vértebras que se encontraban hacia el extremo ancestral del rango de variación dentro del Homo sapiens y, por lo tanto, menos adaptadas para el bipedalismo, a propósito el autor recientemente también ha encontrado asociaciones análogas en el fenómeno de la espondilólisis (overshoot hypotesis [2]). ¿Nos preguntamos alguna vez por qué en L5-S1 hay un fenómeno clínico y de imagen tan común? ¿O por qué las hernias de Schmorl son típicamente halladas en el módulo toracolumbar (con altísima heredabilidad)? La variabilidad en nuestra columna no es causal sino evolutiva, y como género estamos en el limbo. Habrá sujetos bien adaptados al movimiento, pero otros, y me temo que en su mayoría, no lo estamos.

La selección natural probablemente actuó para mejorar la capacidad de las vértebras para hacer frente a las nuevas demandas, pero dado que la forma vertebral está influenciada por múltiples genes (algunos responsables de su formación, otros sugeridos como responsables de la sintomatología) y dado que la columna vertebral es multifuncional, también podemos esperar que dentro de una especie de homínido, algunos individuos tengan vértebras que tienen una forma más cercana a las de un antepasado en común que otros. Por esto es que creo que algunas valoraciones fundamentadas en la alteración del movimiento así como intervenciones enfocadas únicamente en movilidad (llamémosle estiramientos o movilizaciones) pero no en tolerancia (carga progresiva, exposición…) pueden llegar a ser contraproducentes. Independientemente de si eso es relevante o no, sería importante que nos cuestionemos el paradigma mecánico y psicosocial e integremos el enfoque evolutivo dentro de los modelos de intervención disponibles para dolor lumbar que, hasta el día de hoy, ha sido rotundamente ignorado.

Sobre el autor...

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RAFAEL ESCAMILLA UGARTE

Fisioterapeuta
Especialista en gestión y dirección de instituciones de salud. Maestrante en Educación y autor de un libro de poesía.

REFERENCIAS:

  1. Plomp, K. A., Viðarsdóttir, U. S., Weston, D. A., Dobney, K., & Collard, M. (2015). The ancestral shape hypothesis: an evolutionary explanation for the occurrence of intervertebral disc herniation in humans. BMC evolutionary biology, 15, 68. https://doi.org/10.1186/s12862-015-0336-y
  2. Plomp, K, Dobney, K, Collard M (2020) Espondylolysis and spinal adaptations for bipedalism: The overshoot hypothesis, Evolution, Medicine, and Public Health 1(35–44)

Material Complementario:

  • Patel, W. R. Spiker, M. Daubs, D. Brodke, L. A. Cannon-Albright. Evidence for an Inherited Predisposition to Lumbar Disc Disease. The Journal of Bone and Joint Surgery, 2011; 93 (3): 225 DOI: 10.2106/JBJS.J.00276
  • Ustundag, H. (2009). Schmorl’s nodes in a post-medieval skeletal sample from Klostermarienberg, Austria. International Journal of Osteoarchaeology, 19(6), 695– doi:10.1002/oa.993
  • Williams, F. M. K., Manek, N. J., Sambrook, P. N., Spector, T. D., & Macgregor, A. J. (2007). Schmorl’s nodes: Common, highly heritable, and related to lumbar disc disease. Arthritis & Rheumatism, 57(5), 855–860. doi:10.1002/art.22789

1 comentario en “El paradigma evolutivo

  1. En realidad lo que indica la poca variabilidad evolutiva en la composición de la columna (es decir, gran capacidad de adaptación de estructuras rígidas y plásticas que soportan bien la compresión, a diferentes tipos de uso), y su posterior modificación cuando un bípedo requiere mayor variabilidad en AVDs generando adaptaciones en forma de hernias o espondilolistesis, es que la columna no esta diseñada para tanto movimiento en esos segmentos, pero se adapta a esta circunstancia.
    Al final estamos apelando a lo mismo, la capacidad de imaginar nuevos movimientos (formas de uso del propio cuerpo dependientes de la cultura, no de la herencia), impiden la optimización evolutiva ya que disponemos de herramientas emergentes (metacognición) para sobrellevar la variabilidad de carga en la columna.

    De esta manera quitar valor a aumentar la movilidad, en este marco, solo indica la imposibilidad de imaginar movimientos (ausencia de metacognición).

    Añado una intuición basada en una de las funciones vitales sobre las que se basa toda forma de vida, que es la relación. Al sistema nervioso le encanta el movimiento, ya sea central o periférico, es mas le encanta la variabilidad de interacciones con la realidad. (no me quiero extender en este punto ya que me estoy metiendo en terrenos como la xenofobia o el fundamentalismo basado en al carga, basando en mi intuición, y son terrenos pantanosos)

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